En un mundo cada vez más consciente de la diversidad, la belleza no debería tener apellido genético ni color de piel. Cada cuerpo, herencia e historia merece ser representada con la misma fuerza.
La campaña más reciente de American Eagle, protagonizada por la actriz Sydney Sweeney, ha desatado una fuerte polémica en redes sociales. Su eslogan «It’s in the genes» (que se traduce como «Está en los genes»), acompañado de imágenes donde la actriz luce jeans ceñidos en poses sugerentes, con una estética sensual y juvenil, ha sido el centro de la controversia.
La frase, con un doble sentido entre «genes» (genética) y «jeans» (pantalones), causó reacciones polarizadas. Aquí te vamos a contar la razón por la que es tan polémica.
¿Qué fue lo que realmente molestó?
Para muchas personas, el problema no fue solo la sensualidad de la campaña, sino el mensaje de fondo. Al afirmar que la belleza es «cosa de genes», la campaña sugiere que tener una figura atractiva o deseable es algo que simplemente se hereda, como si fuera un privilegio reservado para unos pocos.
Esto puede interpretarse como un refuerzo del determinismo genético, un mensaje excluyente para quienes no nacieron con cuerpos normativos. También muestra una falta de sensibilidad hacia los complejos, trastornos alimenticios o inseguridades corporales que afectan a millones, especialmente a mujeres jóvenes.
En un mundo donde muchas marcas buscan ser más inclusivas, el tono de esta campaña se sintió anticuado y elitista.
¿Y si la frase la hubiera dicho Zendaya o una mujer afroamericana?
Muchos cibernautas se preguntan si la campaña hubiera tenido más aceptación si la actriz Zendaya o una mujer afroamericana la hubieran pronunciado. La respuesta es sencilla, pero muy clara desde un enfoque sociocultural.
Sydney Sweeney representa el estereotipo clásico de la belleza dominante en Estados Unidos: mujer blanca, rubia, de ojos claros, figura curvilínea, rasgos simétricos. Por lo tanto, cuando ella dice «Está en mis genes», el mensaje se percibe como triunfalista, excluyente y elitista. Es como si dijera: «Mi belleza es superior, no cualquiera la tiene».
Muy diferente sería el caso de Zendaya, una mujer birracial con rasgos afroamericanos y mestizos, que no representa la belleza hegemónica blanca y ha construido su imagen enfrentando barreras culturales. Si ella dijera «Está en los genes», el mensaje podría interpretarse como una afirmación de orgullo y resistencia frente a un sistema que históricamente ha marginado su tipo de rasgos.
Lo mismo ocurre con una mujer afrodescendiente o indígena: hablar de herencia genética en su caso se percibe como una reivindicación de raíces, no como la imposición de un canon. Por eso, el emisor del mensaje importa tanto como el mensaje en sí. En comunicación, el contexto lo cambia todo.
El impacto de la campaña de American Eagle
Pero no todo es negativo para American Eagle. La campaña cumplió su objetivo de estar en boca de todos; para bien o para mal, generó miles de menciones en redes sociales. Además, se posicionó como una marca juvenil, atrevida y alineada con un tipo de sensualidad específica. Sin mencionar que muchas mujeres que se sienten físicamente similares a Sydney Sweeney celebraron la campaña como una forma de visualizar un cuerpo que no siempre es representado en la industria (ni delgada extrema, ni plus size).
Limitaciones del marketing tradicional
Sin embargo, la campaña también mostró las limitaciones del marketing tradicional. En pleno 2025, sigue siendo noticia que campañas masivas no incluyan diferentes tipos de etnias, cuerpos, edades, tonos de piel y culturas.
También tiene un impacto en audiencias vulnerables, en especial niñas y adolescentes, quienes consumen estos mensajes sin las herramientas emocionales para distinguir entre ficción, publicidad y realidad corporal.
El punto más importante es la desconexión con los valores actuales. La campaña se sintió más aspiracional que real, centrada en la genética que en la autenticidad o el estilo personal.
En conclusión, la campaña de American Eagle no fue un fracaso publicitario: tuvo impacto, visibilidad y generó conversación. Pero sí dejó en evidencia que la industria de la moda aún se mueve dentro de moldes rígidos.
¿Crees que es momento de que las marcas apuesten màs por la inclusion?








