domingo, 19 / 04 / 2026

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El Lazo Indestructible: La Pérdida de una Mascota como Duelo Familiar

Glei Hernández

«Quienes nos aman nunca nos abandonan del todo y siempre puedes encontrarlos en tu corazón.» Esta célebre frase, extraída de la saga de Harry Potter, ofrece un profundo consuelo a aquellos que atraviesan el doloroso proceso del duelo.

El psicólogo clínico Aaron Espinoza sostiene que la magnitud de la pérdida que experimentan las personas por una mascota es equiparable a la de un familiar cercano. Este fenómeno se debe a que, en la dinámica familiar, las mascotas son consideradas, psicológica e incluso legalmente, como un miembro extendido del núcleo.

«Debemos comprender que la muerte resulta intrínsecamente dolorosa porque no siempre estamos habituados a integrarla como parte ineludible de la vida. En el caso de nuestros animales de compañía, tendemos a idealizar su permanencia como eterna, lo que nos encuentra irremediablemente desprevenidos ante su partida», explicó el experto.

Espinoza, quien ejerce su labor como apoyo psicosocial en el Colegio de Psicólogos de Carabobo, señaló un dato revelador: el 70% de los adultos en su etapa activa laboral experimenta pudor o vergüenza al manifestar su profunda tristeza ante la muerte de su compañero animal.

«Aún persiste una sorpresa social respecto al rol trascendental que una mascota ocupa en la vida emocional de una persona», lamentó.

Recalcó, además, que la persistencia del estigma social que asocia el llanto con la debilidad constituye una razón adicional por la que muchos individuos reprimen su dolor.

El especialista destacó que el proceso de duelo avanza por etapas bien definidas, lo que subraya la importancia de expresar la aflicción sin reprimir el sufrimiento. Advirtió que la supresión de estas emociones puede derivar en alteraciones psicosomáticas y físicas.

La Afronta del Duelo en la Infancia

Según el Dr. Espinoza, en los niños el proceso de duelo suele ser menos complejo debido a su naturaleza emocionalmente refractaria. Pueden transitar de una profunda tristeza a la alegría en un lapso breve, retomando con prontitud el curso normal de su vida.

«No existe un riesgo significativo de que desarrollen un enganche patológico o un miedo traumático, pues poseen una mayor ligereza en su capacidad intrínseca para procesar este tipo de experiencias».

En contraste, para el adulto, el impacto tiende a ser considerablemente más significativo. Esto se debe a que el vínculo emocional con la mascota puede asemejarse al de un hijo, generando una sensación de profundo vacío existencial.

El psicólogo recomendó que, una vez que la persona se sienta emocionalmente fortalecida, puede considerar la llegada de otra mascota. Sugirió ver al nuevo miembro como un «hermanito» del animal fallecido, ya que el valor afectivo y el vínculo perduran a través de los recuerdos atesorados con el ser perdido.

Finalmente, enfatizó la necesidad de buscar acompañamiento terapéutico si el proceso de asimilación de la pérdida de la mascota resulta abrumadoramente complicado.

 

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