Por: Oswaldo Rafael Sifontes Velásquez
Escuchen esto. Hay una frase que solemos repetir casi sin pensar: «La sociedad se mide por la forma en que trata a sus ciudadanos más vulnerables». Sí, suena bien. Suena a discurso ensayado. Pero, ¿qué significa eso en la realidad del día a día? ¿Y si nos asomamos al corazón de una persona con espectro autista?
Significa entender que un niño con autismo necesita un espacio que lo comprenda, y que un anciano, al llegar al invierno de su vida, tiene derecho a mirar el mar sin que el cuerpo o el olvido se lo impidan.
De eso se trata, en el fondo, lo que está ocurriendo en Anzoátegui.
Las Dos Orillas de una Misma Promesa
Miren el mapa por un instante. No nos quedemos solo en los grandes despachos. Vayamos a Sotillo, a Puerto La Cruz. Mil metros cuadrados se dicen rápido, pero cuando esos metros se llenan de especialistas para atender el Trastorno del Espectro Autista, la cosa cambia. Es la octava Casita Azulque abre sus puertas en el estado. Y el gobernador Luis Marcano ha soltado una promesa de esas que comprometen el futuro: llevar esta realidad a los 21 municipios de la entidad. ¿Ambicioso? Sin duda. Pero es que allí también se ha levantado el primer Observatorio Neurodiverso del país. Ciencia y sensibilidad de la mano, financiadas —vaya paradoja afortunada— con los excedentes de la Corporación de Hidrocarburos regional. El petróleo, esta vez, transformado en el bienestar que no se devalúa.
Pero la historia no termina en la infancia. Crucemos a Urbaneja, allí mismo en Lechería, frente a Playa Cangrejo. Lo que antes era un viejo Comedor Popular hoy se llama Casa de los Abuelos «Alberto Lovera». Y el nombre del programa nacional que lo cobija ya nos dice mucho: «Más Años, Más Amor», un brazo ejecutor de la Gran Misión Abuelos y Abuelas de la Patria que hereda el espíritu de aquella Gran Misión Amor Mayor creada hace ya catorce años.
¿Y qué encontramos allí? Salas con nombres que nos devuelven la sonrisa caribeña: “Sin Patatús”, “Gozando un Puyero”, o la “Botica”. Pero hay un detalle, uno solo, que define la intención de una obra: una rampa de madera plástica de doscientos metros que va desde la estructura hasta la mismísima orilla de la playa. Un camino directo al mar para quienes pensaron que ya no volverían a tocar las olas.
¿Por qué importa esto? El Trasfondo de la Agenda
Ustedes se preguntarán: ¿Por qué esta insistencia? ¿Por qué esta urgencia del mandatario regional por visibilizar estos sectores?
Hay tres razones que explican este tablero:
Tres Miradas para la Crónica
Si fuéramos a titular el reportaje de fondo, si quisiéramos ponerle el sello del periodismo que indaga y no solo aplaude, tendríamos que mirar hacia tres ventanas:
1. Anzoátegui hacia la municipalización del cuidado: El inmenso desafío técnico, logístico y financiero de llevar una Casita Azul a cada rincón rural del estado. Mantener la promesa viva donde el mapa se hace más lejano.
2. De comedores populares a centros de bienestar: La metamorfosis urbana en Lechería. Cómo un espacio que antes solo calmaba el hambre, hoy se transforma en un refugio para la salud mental, el esparcimiento y la inclusión frente al Caribe.
3. Ciencia y neurodiversidad en el Oriente: El impacto real del primer Observatorio Neurodiverso del país. ¿Cómo se van a traducir esos datos estadísticos en políticas públicas duraderas para la población TEA?
Al final, amigos, los gobiernos pasan y las fotos institucionales se archivan. Lo que se queda, lo que verdaderamente echa raíces en la memoria de un pueblo, es el camino que le facilitamos a los que vienen naciendo con dificultades, y la rampa que le construimos a los viejos para que nunca dejen de contemplar su mar.
Así están las cosas en Anzoátegui. Saque usted sus propias conclusiones.







